Durante mis 40, allá por el 91, recibí una recomendación genial mientras participaba de un entrenamiento para coordinadoras de grupos de dietarios: el libro La Conspiración de Acuario. Me doy cuenta de que, sin importar el título, todos los libros que tengo, de un modo u otro, tratan acerca de la mente empresaria: una “cabeza” empoderada, productiva, apasionada, serena y alegre, aunque este libro, en particular por su dinámica entre teoría y práctica, está “a la cabeza” de la lista. ¿Y por qué esa recomendación en aquel ámbito? Porque recuperarse de los efectos de cualquier exceso, sea éste de comida, cigarrillo, juego, enojo o tristeza, recuperarse de un trabajo tóxico excesivamente conservado, o de una pareja malavenida excesivamente conservada, o de un límite necesario excesivamente silenciado: recuperarse, reitero, es una “empresa” que puede dar como glorioso resultado la adquisición de una mente empresaria, cuya característica, muy sintéticamente hablando, podemos identificarla por las DDDDeseo, vigoroso y energético. Determinación, perseverante y paciente. Disciplina, flexible y con ritmo. ¡Ah La Conspiración de Acuario! Me llegó justo, porque en aquel entonces yo estaba en una de mis más tremendas guerras interiores/exteriores; oportuno ahora, creo, en que estamos todos tratando de salir victoriosos de esta “guerra mundial”. Lo escuché de Spinoza y también de Einstein: saber acerca de las leyes naturales, potentes y exitosas como ellas son, puede construir “puentes” al éxito de nuestras “empresas”. Estas Leyes se enseñan desde hace milenios así que hay unos cuantos sistemas. A mí me gusta éste porque es simple al ser sólo de 4 Leyes: Ley General (la adicción, el exceso). Ley de Excepción (la recuperación, la moderación). Ley de Tres (crea tanto la adicción como la recuperación). Ley de Siete (ordena lo creado). De lo que se trata es de dar en el blanco.