Qué gran pregunta

Si soy lo que tengo y pierdo lo que tengo, ¿quién soy? – Erich Fromm
 
• Qué momento para esta pregunta. Qué momento para que repiense si soy algo independiente de lo que tengo. Y tengo tantas cosas que no parecen cosas pero lo son: roles por ejemplo, identidades sustentadas en lo que hago y cómo me ven los otros. Sí, identidades, en plural. Sé que es muy zen, pero qué ganas tengo de una identidad, una sola despojada de su relación con lo que tengo, lo que pasa, lo que pasaría. Me contemplo con este deseo y sonrío, porque me recuerda aquello de “estar parado encima de una mesa tratando de levantar la misma mesa”: un imposible, un acertijo, un laberinto, del cual mi única certeza es de que se sale “por arriba”.

Padre Cielo

Si es madre-tierra, ¿es padre-cielo? Creo que sí: ésa certeza en la providencia que la fe acerca, y que la actuación de sus directivas instala en nuestro interior como lo más preciado: su paz, el sentido que da a nuestras vidas, y la sensación de pertenencia responsable a la manada humana.

Uau!

La gente suele decir que hay que encontrarse a sí mismo, pero el sí mismo no es algo que uno pueda encontrar sino algo que uno crea. -Thomas Szasz.

Uau: bien por Thomas Szasz.

  • Alguien me dijo una vez que, sin importar nuestra época, historia familiar o lugar planetario de nacimiento y desarrollo, todos hemos venido a este mundo a realizar un “taller” llamado vínculos”. Y creo sin duda, y por pura experiencia repetida, que así es; y que justamente es este taller perpetuo el que puede crear o des-crear el sí mismo a través de las maneras vinculares. Y también es así para las antiguas y sapientísimas psicologías: aquellas que se sustentan en las leyes o principios naturales. O sea, para crear el sí mismo y evitar que se des-cree, conviene hacer este taller sustentando el modo de los vínculos en las ideas sustentadas en las leyes naturales; y “a la cabeza” está la Ley de Siete o Ley de Octavas: aquella que ordena la vida, nuestra vida… así como el universo todo.
  • Thomas Szasz fue psiquiatra. Reconocido crítico de los fundamentos morales y científicos de la psiquiatría.

Lo genuino y profundo espejado en una película excepcional

Lo genuino y profundo: el amor genuino y profundo, la compasión genuina y profunda, la fraternidad genuina y profunda… Todo lo que es así: lo vemos o no lo vemos. Lo que no podemos es querer ver si la calidad de nuestra conciencia, con suerte en desarrollo, aún no nos permite ver. Aunque siempre es misericordioso que, si no vemos, no nos enteremos de que no vemos. Esta es la función de las parábolas desde siempre y para siempre. Y esta peli es una super parábola: grafica sin palabras la fraternidad genuina y profunda, la responsabilidad-amor genuina y profunda hacia nuestros mayores… y unas cuantas cosas más genuinas y profundas que, si las vemos, las vemos. Y aquí ver significa espejar con nuestras realidades, y de una manera que nos atraviese ése aspecto de nuestra mente que llamamos corazón. Cuando esto pasa, surge una nueva comprensión: una semilla que hará crecer nuevas realidades. Por eso las parábolas son cuentos: para espejar.

Que tengamos ahora, espejados por la parábola-pandemia, un genuino y profundo sentido de fraternidad familiar, comunitaria, universal.

Con serenidad y encanto

Mario Bunge murió a los 100 y mi madre a los 97.“Un mundo le es dado al hombre. Su gloria no es soportar o despreciar este mundo, sino enriquecerlo construyendo otros universos”.

Esta sabiduría nos la dejó Mario. A sus 80 le pregunté a mi madre porqué desde los 40 tomaba pastillas recetadas para la ansiedad. Me respondió: “Porque a los 40 era mucho más fácil tomar pastillas que divorciarme de tu padre”. Repito ahora lo que le dije ni bien expresó esta sabiduría: “madre te amo”, mi madre-completa: tanto modelo como advertencia.

Como yo, como cada uno sobre el planeta, seguramente Mario también fue un mix de modelo y advertencia. Con serenidad y encanto vuelven a mí las 3 oraciones que me surgieron con cada uno de los 3 puñados de tierra que el rabino nos invitó a ofrecer: “te agradezco todo y me agradezco todo, te perdono todo y me perdono todo, te deseo lo mejor y me deseo lo mejor”. Y nuevamente, en eterno presente: madre te amo.

Privilegio

Ayer tuve el privilegio de ver este documental. Una verdad resaltó entre su precioso guion: “es progreso no perfección”. Justo estudiaba el tema de los opuestos: que los opuestos crean la vida, que cuando conservo uno de los opuestos conservo los dos. Por ejemplo: víctima y rescatador son opuestos, y para dejar de ser víctima hace falta que también deje de ser rescatador. Los contrarios son interdependientes: uno no puede existir sin el otro. Entonces me pregunté cuál es el opuesto del perfeccionismo: de esa manera de control o de miedo que llamamos perfeccionismo. Recordé mis lumbalgias a repetición dando clases de yoga. Quería hacerlo perfecto y lo que lograba era tensión… y lumbalgias. Al auto observarme durante las clases la tensión desapareció… y las lumbalgias; pero esa auto observación me dejó la percatación de algo nuevo: la perfección me ausenta de mí y del otro. Así pues, consideré que perfección o expectativa son del mismo palo: Ausencia. Y cuando pienso en su opuesto: Presencia, si se van los dos, qué queda? Creo que queda éso innombrable a que se refiere el Tao Te King: el Sentido, el Tao, el mayor bien, el mejor cómo de las cosas, de los asuntos, de los vínculos y, especialmente, el mejor cómo de la salud.

El amor después de los 40

Artículo imperdible CLIC AQUÍ
Fragmento-joya: “Una de las cosas que la edad te va quitando es el gusto por el drama y el placer masoquista del sufrimiento romántico. Cuando nos hacemos adultas nos toca insertarnos en un ritmo productivo que apenas nos deja tiempo para perder las horas soñando con un príncipe azul que nos salve de la precariedad o la pobreza. La edad nos permite también relativizarlo todo y distinguir lo que es importante de lo que no lo es. Por ejemplo, empezamos a darle más prioridad al dinero y a la salud que al amor. Hay que pagar facturas y sin salud no hay amor ni ingresos”.
  • Está buenísimo todo este artículo, aunque este fragmento me pegó especialmente porque creo que mi adultez enserio empezó después de los 40, haciéndose evidente por un cambio en la ética con el dinero y los compromisos maravillosamente descripto aquí. Porque lo cierto es que nuestra energía viene en garrafa, o sea que es limitada, así que es una cuestión de sabía inversión decidir en qué utilizarla. Cuando se va en los vaivanes sadomasoquistas del amor romántico-adolescente después de los 40, cantado quedará que aspectos como la creatividad (y su hijo directo: lo económico) tenderán a la hambruna por déficit (inadvertido) de energía. La cuestión central es ésta: me siento completa conmigo misma o necesito que alguien me complete? Si es lo primero, con o sin pareja estaré joya. Si es lo segundo, con o sin pareja estaré una m. Y casi seguro que no podré estar sin pareja.

Cómo ser mujer y no morir en el intento

Para ser mujer-plena: sin dramas con amores, con los hijos, con la plata, con el laburo, con la libertad… o con el cuerpo; o sea, para ser mujer y no morir en el intento, hace falta pensar. Pero no alcanza. Porque pensar partiendo de las mismas ideas que inadvertidamente sostienen los dramas, es tan inútil como imaginar que amar-mucho puede hacer alguna diferencia. No se trata de mucho o de poco, no se trata de cantidad, y otra calidad del pensar, del decidir y del actuar viene de nuevas ideas que, paradójicamente, son viejas, muy viejas, tánto que podríamos decir que son atemporales, o sea a-culturales y a-familiares: les vinieron bien a las mujeres desde siempre y les vendrán bien a las mujeres para siempre. Me doy cuenta cuándo una mujer las encontró, las germinó y le dieron fruto a ciento por uno: es una mujer vibrante y serena, sabia y pujante… una mujer sin dramas.

La casa parlante

En el Sandokai, uno de los textos básicos del Zen, se lee: Luz y oscuridad están frente a frente. Pero la una depende de la otra como el paso de la pierna izquierda depende del paso de la derecha.

  • Sobre esto opinan los autores del libro La Enfermedad como Camino: “La verdad es dura y cortante y se presta mal a los ensueños sentimentales y al engaño moral de uno mismo.”

En el Shinjinmei, el más antiguo texto del budismo Zen, dice: Si queda en nosotros la más mínima idea de verdad y error, correcto e incorrecto, nuestro espíritu sucumbirá en la confusión.

  • Sobre esto vuelven a opinar los autores de La Enfermedad como Camino: “Para ejercitar nuestro discernimiento necesitamos siempre dos polos, pero quedarnos atascados en su antagonismo no es el final, sino utilizar su tensión como impulso y energía en nuestra búsqueda de la unidad. La polaridad culpa/libertad: en el hombre es precisamente su culpa prenda de su libertad. En polaridad el hombre enferma. En unidad el hombre sana.”

Que tengas un excelente Día del Trabajo… Interior, o sea quedate en casa: la de adentro, la portátil, la de enserio, la parlante.

El Señor Resultado

Ayer mi hermano menor cumplió 60. Es médico y vive en Milán. Ayer familia y amigos nos reunimos por Zoom desde Israel, España, Italia y Argentina. Son de esas cosas que uno, tranquilamente, puede agradecer a la pandemia. Fue mágico, fue extraordinario; pero fue “una de esas cosas” porque, personalmente, tengo unas cuantas más que agradecer; y entre las más significativas, útiles y transformantes se destaca la “obligatoriedad” de la actualización con la tecnología y, porsupu, mediante el “quedate en casa”, el descubrimiento de cómo trabajar de otras maneras, de cómo crear de otras maneras, de descubrir, gracias a estas obligatoriedades, capacidades interiores y exteriores que ni siquiera sospechaba que tenía. Pero claro, tengo 68: lo mío fue lo simple, la mecanografía como materia en el secundario; así que todo este “adelanto” fue y sigue siendo a costa de dolor de estómago. Pero no importa. Aprendí que ya se trate de este dolor, o del dolor-culpa, o del dolor-creo-que-no-me aprobarán… todos éstos son claramente los dolores que tiene derecho a sufrir el niño-dolido que aún me habita, y que el adulto que también me habita tiene poder, especialmente el poder de no-dejarle-hacer a este niño. Y fue el adulto-intuitivo el que tomó la batuta al terminar la reunión multi-países donde, además de recuerdos, bromas y preciosos deseos, la pandemia también fue tema. Entonces quise averiguar la situación en Suiza. Y me encontré con esta joya anunciada a modo de lema por quienes gobiernan, el Consejo Federal integrado por 3 mujeres y 4 hombres: “Hay que actuar suficientemente rápido, pero tan lentamente como sea necesario”. El libro La Enfermedad Como Camino dice que enfermedad es polaridad y sanación es unidad. Y este lema es uno de los pensamientos unificadores más inteligentes que he escuchado. Lo tomo. Lo tomé cada vez que fui de la enfermedad a la salud, del caos al orden, de la desarmonía a la armonía: la acción concreta y a pesar del inevitable dolor-miedo de turno, una acción que necesita ser suficientemente rápida pero tan lentamente realizada como sea necesario. Los delay, creados por maneras de pensar que no ven el peligro, que no hacen clin-clin a través del ruido ético, que auspician el mutuo maltrato y el auto maltrato a través del apego-a-lo-mismo-de-siempre, ésos delay son muerte; pero no ésa Muerte que da Vida, sólo muerte: del bienestar, del vínculo genuino, de la seguridad enserio, de la alegría-porque-sí… y, sobretodo, de una “cabeza” en buenas condiciones.

“Si no eres fiel en lo poco, no podrás ser fiel en lo mucho”. O en otras palabras: “Al que tiene se le dará y, al que no tiene, lo poco que tiene se le quitará”.

• A riesgo de que estas verdades bíblicas signifiquen otra cosa, a mí me sirve pensar que “lo poco” es lo cotidiano: el orden con los afectos, la plata, las situaciones, la salud… Y “lo mucho” es que, a través de ser fiel en lo poco: actuar diligentemente para ordenar, para actualizar, tengo posibilidad de no perder “lo mucho”: la capacidad de comprender aún a mi relativo nivel, y la capacidad de seguir comprendiendo. Como antes, como siempre, el Maestro es El Señor Resultado.