La adicción es un equilibrante. «Hacemos lo que hacemos para que el universo del que formamos parte no pierda su equilibrio», decía Porchia. Este equilibrio puede llamarse disfuncional, nocivo, perverso, maligno, perjudicial, enfermo, etc. Aun así, si no podemos soltar el objeto de nuestra adicción, si nos hemos quedado adheridos (adictos) a una sustancia, una actividad o una persona, de lo que se trata es de un equilibrio imprescindible, de una supervivencia tanto física como psicológica; y aunque este equilibrio puede matarnos, mientras no lo hace “vivimos” de alguna manera “básica” en relación a otra maneras más plenas.

• HOY HABLEMOS DE VIOLENCIA
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