La única casa visible

Todo es blando. Lo hacemos duro al resistir, al no fluir. Mi alma: hágase maleable y pacífica por favor, porque nada hay que buscar. Cuando esto encuentro, aquello se distancia para jugar conmigo a ser buscado, y yo caigo como tonta en el juego. Juego, y cuando aquello encuentro, algo vuelve a distanciarse para volver a jugar a ser buscado. No veo propósito, solo veo juego: como los niños haciendo “a que”, haciéndonos tontos con un propósito inventado. ¿Me quedo en el instante? La única casa visible.

(escribí esto hace décadas, y vuelvo a leerlo cada vez que las circunstancias “duras” arrastran mi cabeza hacia adelante… o hacia atrás)

El mejor maestro: el cuerpo

El cuerpo es un Maestro brutalmente sincero: le resulta imposible mentir; y sus sinceridades, generalmente desagradables, como enseñanzas resultan dificultosas de percibir. El asistente de este Maestro certero es el tiempo. Si no nos percatamos de lo que nos enseña, el tiempo que pasa mantendrá su enseñanza vigente manteniendo el problema, desde luego disfrazado en situaciones diferentes, como por ejemplo cambiando el objeto de adicción, aunque perpetuando la compulsión.

(es fácil darse cuenta cuando una sustancia adictiva es cambiada por otra, ¿pero cambiada por las compulsiones vinculares?)

Que tu tiempo esté presente a tu cuerpo. –Elena 

 

Mi tiempo, mi espacio… incluído mi cuerpo

“Si creo no tener poder de elección sobre mi tiempo y sobre la calidad de mi tiempo, no tendré poder de elección sobre mi espacio: incluido mi cuerpo y la calidad del vínculo con mi cuerpo, porque tiempo y espacio son uno.”

• Acomodé así algo que surgió así: Si no soy dueña de mi tiempo y de la calidad de mi tiempo, no soy dueña de mi espacio (incluido mi cuerpo) ni de la calidad del vínculo con mi cuerpo: porque tiempo y espacio son uno.

“Tiempo y espacio son uno”… bueno, esto me dijo Einstein.

El alma: ¿crearla?

Neshamá en hebreo y Neshume en idish: alma. Literalmente significa lo que observa. Recuerdo una frase del libro “Recuerdo de Sí” de Robert Burton: Lo que observa es el alma. Ato cabos con lo que leo en “El Desarrollo de la Luz” acerca de crear el alma a través del proceso de observar (sin juzgar, interpretar o asociar) lo que surge en nuestra mente: lo que desde tiempo inmemorial se llama meditación.

Eso de crear el alma siempre me da cosa: la idea de que sea necesario crearla. O más exactamente, lo que me da cosa es la idea de que si no la creo, ¿acaso me quedo sin tener alma? Bueno, si hago memoria, antes de la confrontación entre el “sí y el no” a los requerimientos de mi ser, antes de empezar a “pagar” atravesando las molestias de actuar el “sí a mi ser”, la verdad, me sentía sin alma… y, al menos conmigo misma, era una desalmada.

Que tengas un domingo “almado”,

Elena

Creemos y creamos

El evento más significativo de estos últimos meses no fue los libros nuevos ni el sitio nuevo ni mi peso corporal nuevo (bajaron los 5 kilos que me ayudaron a escribir el libro nuevo)… no… nada nuevo… sino un programa acerca de Einstein que vi en el canal Encuentro hasta la saturación… para tratar de comprender, lo más posible, algo que me interesa muchísimo y que tiene que ver con la meditación… con la capacidad que la meditación tiene de cambiar la energía mental… y por lo tanto la masa de las situaciones y la calidad del tiempo de las mismas. Sintéticamente: la famosa fórmula dice que masa y energía (como un todo) son idénticos a espacio y tiempo (como un todo)… o sea “el espacio-tiempo le dice a la materia-energía que se mueva, y la materia-energía le dice al espacio-tiempo que se curve”. Traducido: dependiendo del tipo de energía mental, se produce el tipo de masa y tiempo: cuerpo, situaciones, eventos, vínculos. Uf!

Curso grupal de meditación y curso individual de inicio

El 15 de abril es la 1era fecha del curso grupal de meditación. Con una teoría y un compartir, llevaremos la meditación a la vida cotidiana: a la solución de adicciones y asuntos vinculares. Tienen en común la manera del límite que, cuando es adherida/adicta, repite y repite escalando hasta el exceso. Si en algún momento de los últimos 22 años hiciste los 9 encuentros individuales, este curso puede ser para vos, sino te informo en qué consisten, preferiblemente en una entrevista personal; pero básicamente son una forma directa y sintética de allegarse a un conocimiento teórico-práctico, universal/tradicional/basado en las leyes naturales, para poder lo que queremos poder y hasta el momento no pudimos: superar excesos a sustancias (como la comida) y las maneras vinculares que sustentan la necesidad de los excesos. Como los bloqueos a la creatividad y la compulsión son “hermanos”, están incluidos los anhelos y proyectos empecinados en mantenerse en bandeja de salida.

El toro-ansiedad

Esta es mi amada “pieza de museo”. Cuando lo edité, allá por el 2001, el título pareció confundir: ¿Acaso no es ansiedad POR la comida? No: la ansiedad se supera CON la comida, o sea al comer, y CON cualquier tipo de comida.

Con la estrategia para superar la ansiedad pasa lo mismo que con la luz: puede estar sobre “lo que sea”, o puede no estar en absoluto. Cuando está, pasa “una cosa”, y cuando no está, pasa “otra cosa”.

Y si me imagino que restringiendo el alimento (o el tipo de alimento) obtendré superación, me puede pasar lo mismo que a un toro salvaje: en un corral chico hará desastres; porque, en el-tiempo-que-pasa, cualquier restricción resulta cruel, tanto a un toro como al toro-ansiedad; e igual que un toro, el cuerpo puede ser convencido de ir contra su naturaleza un tiempo corto, pero a la larga, ni toro ni cuerpo son bol…

Y después de los EgiptoS?…

… Cuál es la tierra prometida?

Fe es el estado psicológico que ocurre cuando percibimos nuestro plan de vida como parte de Un Plan Mayor: eternamente útil, eternamente bueno. Conseguir fe es “el camino del riesgo”: porque fe es fidelidad con ese sentir ilógico y sin garantías que susurra “por aquí sí, por aquí no”. A la fe le gusta la ética que dice: “permanecer en el malestar no es ético porque nuestra honestidad quiere bienestar”.

EgiptoS

Algún día saldré de Egipto. Me lo dije hace décadas en relación a una esclavitud de entonces. Recuerdo que se lo conté a una amiga cristiana y me dio su versión: Me tengo que bajar de la cruz.

Hoy sé que no hay un Egipto sino unos cuantos EgiptoS de los que salir, no hay una cruz sino unas cuantas cruceS de las que bajarse… cada día, porque no están allá afuera sino aquí adentro: en nuestra mente.

Felices Pasajes/Pascuas/Pesaj,

Elena