La única casa visible

Todo es blando. Lo hacemos duro al resistir, al no fluir. Mi alma: hágase maleable y pacífica por favor, porque nada hay que buscar. Cuando esto encuentro, aquello se distancia para jugar conmigo a ser buscado, y yo caigo como tonta en el juego. Juego, y cuando aquello encuentro, algo vuelve a distanciarse para volver a jugar a ser buscado. No veo propósito, solo veo juego: como los niños haciendo “a que”, haciéndonos tontos con un propósito inventado. ¿Me quedo en el instante? La única casa visible.

(escribí esto hace décadas, y vuelvo a leerlo cada vez que las circunstancias “duras” arrastran mi cabeza hacia adelante… o hacia atrás)

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