La “suerte” de estar gordo

Qué pasa si no hay gordura y nos pasan “cosas gordas”

Ι Para nuestra cultura, empapada de “lo flaco” hasta la médula, hablar de que estar gordo es una suerte parece un completo disparate; y sin embargo, no es así.

Me consulta una joven delgada como una espiga. Lo hace porque tiene atracones. Le pregunto si vomita o si evacua lo ingerido de alguna otra manera, como ejercicios físicos en demasía. Me dice que “nada de eso”. No entiendo cómo hace para estar tan delgada si come en exceso. Tal vez una cuestión metabólica, y pasamos a otro tema.

Me cuenta que tiene un hijo de cuatro años. Él no tiene compulsiones (ansiedad por la comida) sino convulsiones, y que tiempo atrás había leído en un artículo mío titulado ” La compulsión” que la ansiedad por la comida era una emoción, y por lo tanto, no controlable con la fuerza de voluntad, y también un mecanismo compensador de las presiones generadas por las restricciones de las dietas y/o por la manera de vincularse; esto es, por el estrés generado por las relaciones conflictivas. Vino a la consulta por su hijo, porque imaginó que, tal vez, uno de los factores predisponentes para sus convulsiones estaba originado en alguna presión inadvertida en la manera de tratarlo, de cuidarlo, de educarlo, ya que, al leer el artículo, pudo atar cabos y se dio cuenta de cuál había sido el origen de sus propias compulsiones.

Educar significa etimológicamente “sacar de adentro”. Ver lo que el niño ya trae para expresar. Cuando ponemos en vez de permitir que el niño saque de sí, no sabemos cuánta presión inadvertida recibe el niño. Tampoco sabemos cuánta presión hemos recibido nosotros si fuimos educados sin una escucha atenta a nuestras reales necesidades, y sin una capacidad real de respuesta a esas necesidades. Si estamos gordos y podemos darnos cuenta de que esa gordura se acumuló por la ansiedad generada para compensar la presión de las restricciones de las dietas, y/o la presión originada en nuestra manera de poner límites, o por no poder poner límites, ni pedir o conseguir lo que necesitamos…, si es así, creo que estar gordo es una suerte. La gordura es un aviso de algo “más gordo” todavía.

¿Qué pasa cuando todo esto está pasando y no hay gordura para avisarnos?
¿Y cuando sí hay gordura pero la interpretamos como “comida de más” y nada más?

Tal vez las convulsiones del hijo de la mujer de la consulta nada tenían que ver con la manera en que lo educaba. Ella aprendió a solucionar su ansiedad por la comida aun sin tener sobrepeso. Esto le posibilitó una forma más saludable (menos ansiosa) de criarlo y, en general, una forma más satisfactoria de existir. Tal como me dijo: “Después de todo, aun siendo flaca, sin poder solucionar mi ansiedad por la comida vivía mal.”